En varias ocasiones durante el pasado mes, he escuchado predicadores en la radio y la televisión hablar acerca de cómo los cristianos necesitan practicar el perdón. Parece ser el tópico del mes, de manera que creí apropiado tocar este tema también.
Para la mayoría de los cristianos, aprender a perdonar a aquellos que pecan en su contra, especialmente los ofensores recurrentes, resulta difícil. La mayoría de los creyentes quieren hacer lo que está bien, quieren demostrar el carácter de Cristo, pero odian cuando otros se aprovechan de su profesión de fe. Es difícil tolerar a esas personas egoístas que no se arrepienten de sus errores pero que conocen suficientes versos bíblicos para decirnos que no les juzguemos y que tenemos que perdonarles.
Según estudiamos las Escrituras tenemos que recordar que hay un balance entre la espiritualidad y la normalidad. Por ejemplo, Jesús dijo:
Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.Lucas 14:26Él no estaba abogando por un odio literal hacia los miembros de la familia. Él estaba diciendo, “no dejes que tus seres queridos entorpezcan el camino de lo que Yo te he enviado a hacer”.
Hay muchos versos similares que podríamos citar para probar ese punto…
Vamos a examinar por un momento la línea fina entre nuestra obligación de perdonar a aquellos que pecan contra nosotros y nuestra responsabilidad de separarnos de los pecadores que no se arrepienten.
El fundamento del cristianismo está basado en el amor de Dios hacia un mundo pecador manifestado en Su Hijo Jesucristo, que se hizo carne y entregó Su vida como sacrificio para limpiar a los hombres de sus pecados. Durante su ministerio en la tierra, Jesús nos enseñó que el perdón es una parte importante de la relación duradera que tenemos con Dios.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.Mateo 6:14-15Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.Mateo 18:21-22Si tomamos estos versos por sí mismos, parecería que cualquiera que desea aprovecharse de un cristiano podría hacerlo simplemente citando estas escrituras para obligar al creyente a pasar por alto las ofensas repetitivas. Pero Lucas notó que Jesús añadió un elemento importante a la ecuación: ese elemento es ARREPENTIMIENTO.
Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.Lucas 17:3-4Las palabras “si” y “arrepintiere” en el verso 3 son importantes.
Note este punto importante: Jesús murió por los pecados del mundo, ¡pero Su sacrificio no nos hace ningún bien hasta que nos arrepentimos por nuestras acciones y nos tornamos hacia Dios!
El verdadero arrepentimiento no es un acto de hipocresía… es una pena sincera que hace que uno se aparte de sus caminos ofensivos.
Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios…Joel 2:12-13Estamos viviendo en una época en que el liberalismo se está infiltrando en la iglesia en una manera sin precedentes. Grupos de intereses especiales lentamente han ido aumentando la presión sobre los púlpitos de los Estados Unidos. Un pastor tiene que pesar sus palabras cuidadosamente si predica en contra del pecado o puede ser acusado de ser “intolerante” (de esa manera llaman los liberales a aquellos que no aceptan “estilos de vida alternos”).
Si un pastor se enfoca en lograr que grandes cantidades de personas asistan a sus reuniones, probablemente tendrá que sacar completamente el tema del pecado de los bosquejos de sus prédicas. El evangelio de la prosperidad ha establecido un nuevo estándar en la iglesia de hoy porque presenta un ambiente positivo y lleno de optimismo que acepta y anima a cualquiera. El predicador se mantiene alejado de cualquier tipo de mensaje que cause convicción de pecado.
Recientemente, observé a Larry King entrevistar a Joel Osteen y su esposa, que pastorean la iglesia más grande en los Estados Unidos. Cuando Larry le preguntó acerca de su opinión sobre los matrimonios “gay”, el pastor Osteen dijo que no estaba seguro de entender la pregunta. Después que el Sr. King re-fraseó su pregunta, Joel rehusó contestarle directamente, diciendo que un matrimonio entre un hombre y una mujer es “el mejor plan de Dios” – no dijo que era el ÚNICO plan ni condenó directamente las uniones homosexuales de ningún tipo. El respeto que yo sentía por el ministerio de los Osteen desapareció cuando escuché eso. DIOS les concedió una oportunidad para defender lo que las escrituras enseñan, pero decidieron no decir nada que pudiera ofender a los homosexuales. Cuando dijo que el matrimonio entre un hombre y una mujer es el mejor plan de Dios, dejó la puerta abierta para otras alternativas.
Cuando los pecadores vienen a una iglesia, deben sentir convicción por sus acciones y se les debe presentar la oportunidad de obtener redención y salvación a través del ARREPENTIMIENTO. La función del pastor y de la congregación no es hacer que las personas se sientan a gusto y aceptadas a menos que se alejen de aquellas cosas que Dios condena como malvadas.
Los cristianos están obligados a perdonar a los demás con el mismo perdón que Dios les ofrece, pero no podemos crear nuestras propias reglas. No podemos añadirle a la Palabra de Dios ni tampoco quitarle nada.
Lea cuidadosamente lo que el Apóstol Pablo escribió a los efesios:
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos.Efesios 4:32-5:7¿Puedes captar lo que él está diciendo? Los primeros tres versos son muy positivos, bellos, alentadores, pero los últimos cinco son advertencias en contra de participar de las obras malvadas de los demás.
He perdido cuenta de las veces que personas han tratado de obligarme a aceptar pecadores en la iglesia utilizando los versos en Mateo capítulos 6 y 18 que cité al principio de este artículo. No sé cuántas personas se han ofendido porque corregí su pecado en lugar de poner mi brazo sobre su hombro y decirles, “está bien, no te preocupes… la siguiente vez lo harás mejor”.
Cuando una persona defensiva es confrontada con una falla moral, usualmente disparan esta declaración: “¿Quién eres tú para condenarme?”
He aquí unos de sus versos favoritos:
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.Mateo 7:1-5Muchos usan estos versos fuera de contexto. ¿Qué puedes ver? ¿Está Jesús diciendo que no tenemos derecho a criticar a otros porque todos tenemos problemas? ¡NO! Está diciendo, “Mantente libre de pecado para que PUEDAS ayudar a otros a librarse de los suyos”. Una vez nos “removemos la viga” o admitido nuestras propias fallas, pecados, etc… y nos hemos arrepentido de ellos, ENTONCES podemos ayudar a otros con sus problemas.
Aunque no somos llamados a ser jueces en el sentido de declarar a una persona culpable o inocente, sí tenemos la responsabilidad de discernir el pecado y el arrepentimiento.
Estos siguientes versos nos obligan a pensar porque colocan sobre nosotros una gran responsabilidad de saber cuándo perdonar el pecado y cuando corregirlo y como castigar a las personas que no se arrepienten:
Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.Juan 20:22-23Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.1 Corintios 5:11-13Cuando aceptamos a otros incondicionalmente en nuestras vidas porque queremos mostrarles amor o cuando abrazamos sin reservas a alguien que alega ser cristiano, podemos terminar aceptando a alguien a quien Dios ha rechazado.
Tenemos una costumbre de decir: “El amor de Dios es incondicional” --- ¿de dónde sacamos esa frase? Es cierto que Él ama a todo el mundo, pero solamente los pecadores arrepentidos que se tornan a Él a través de la fe en Jesús son aceptados por Él. Yo le llamo a eso una condición.
Los siguientes versos sugieren que el perdón de Dios es ciertamente condicionado. Un pecador puede ser hecho justo por el arrepentimiento (alejarse del pecado) pero ese estado imputado de gracia puede ser revocado si el pecador regresa a sus viejas costumbres.
Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá.Ezequiel 18:21-24Este concepto es hecho claramente válido en el Nuevo Testamento:
Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.Hebreos 10:26-27El verdadero arrepentimiento es la llave al perdón… y el verdadero arrepentimiento es marcado por un corazón que se conduele por las obras malas.
Estoy escribiendo este artículo el Viernes Santo, 10 de abril de 2009. Hoy celebramos un día de fiesta solemne en el cristianismo que reconoce el sacrificio de Jesucristo en el Calvario hace 2000 años, el día en que Dios le ofreció al mundo una oportunidad de obtener la redención, mediante la sangre de Jesús, de la sentencia de muerte que nos había sido impuesta por nuestros pecados.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito…” Juan 3:16. Por medio de Cristo, Dios ha extendido Sus manos para ofrecer amor, misericordia y perdón a todos aquellos que clamen a Él. La manera en que una persona responda a ese ofrecimiento determina si es o no beneficiario de Su gracia.
Somos embajadores de Cristo, somos Sus voceros, aquellos que demuestran el carácter de Cristo en la tierra. El perdón es un atributo divino y necesitamos extenderlo a todos los que se arrepientan… y necesitamos considerar a los que no se arrepientan como responsables de rendir cuentas por sus actos.
Pastor David Barlock
El
CHISME