MENSAJE DEL MES
|
Pastor
David A. Barlock
Superintendente | Mensajes anteriores
Ahora tenemos en línea nuestros mensajes anteriores para que
puedas leerlos.
Dios les continúe bendiciendo. Mensajes Anteriores:
|
Justicia Verdadera
9 de enero de 2011
No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte? (Eclesiastés 7:16)
Hace muchos años, en Puerto Rico, estaba en
una estación de radio y conocí a un Pastor cuya reputación había sido
manchada por rumores de un romance que tuvo con una mujer mucho más
joven. Esta joven en particular era la mejor amiga de una creyente de mi
iglesia, por lo cual tenía cierta información que consideraba
confiable. Mientras hablaba con el pastor, no hice referencia a lo que
conocía y me sentía demasiado intimidado por este famoso líder para
formularle ninguna pregunta. Aunque no recuerdo el contexto de nuestra
conversación, sí recuerdo un comentario que él me hizo: "Joven, usted va
a ser débil [en su ministerio]." En respuesta a su comentario, le dije
bruscamente: "Puede ser, pero no como usted" – (sin revelarle la
información que tenía).
Esa conversación tuvo lugar hace más de treinta años; tenía tan sólo veintisiete años. Hoy me doy cuenta que debí mostrarle a ese pastor anciano, que tenía una iglesia de sobre 2,000 miembros, un poco más de respeto – aun cuando yo sabía que había caído de ser un mayordomo fiel de su llamado. La verdad es que me sentí más justo que él. Estaba ayunando dos veces a la semana, levantándome temprano a orar, leyendo mi Biblia y estudiando cada día… creía que era más santo que él, me sentía superior porque no había cometido la misma falta que él; en mis propios ojos estaba más cerca de Dios y era un mejor hombre que él. ¡Qué arrogancia! ¡Qué orgullo!
A lo largo de los años, mi ministerio ha pasado por muchas batallas que han sacado lo tanto lo mejor como lo peor en mí, he sufrido divisiones de iglesias, falsas acusaciones e incontables situaciones que me han probado que estoy en pie solamente por la gracia de Dios. En lo que se refiere a la tentación moral, no puedo jactarme en el hecho de que he sido fiel a mi esposa, solo puedo decir que he sido protegido milagrosamente de la tentación. Por supuesto, amo, honro y aprecio a mi esposa y mis hijos más que a ninguna otra cosa en este mundo, pero lo cierto es que Dios me ha protegido por Sus propias razones, tanto la victoria como la gloria Le pertenecen a Él.
Pedro pensó una vez que estaba libre de fallar y hasta se ubicó a sí mismo sobre el resto de los apóstoles, como leemos en los versos siguientes:
Entonces Jesús les dijo: Esta noche todos vosotros os apartaréis por causa de mí, pues escrito está: "HERIRE AL PASTOR, Y LAS OVEJAS DEL REBAÑO SE DISPERSARAN." Pero después de que yo haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Entonces Pedro, respondiendo, le dijo: Aunque todos se aparten por causa de ti, yo nunca me apartaré. (Mateo 26:31-33 LBLA).
Jesús estaba comiendo con sus doce discípulos. Él dijo "Todos ustedes se apartarán…" -- sin embargo, Pedro dijo con osadía: "Aunque todos (ellos) se aparten… yo nunca me apartaré." Aparentemente, Pedro había permitido que su sentido personal de entrega y justicia se le fuera a la cabeza. Se sentía invencible, inconquistable e inconmovible. Esa misma noche descubrió lo contrario.
He pensado frecuentemente: "Amo a Dios demasiado como para fallarle… quizá otros se han rendido al descarriamiento, pero yo nunca lo haré" – pero entonces, por la gracia de Dios, alguna adversidad cruzó mi camino que reveló mis limitaciones. He descubierto que aunque he estado casado por muchos años, no soy un esposo perfecto; tengo tres magníficos vástagos, pero no he sido el padre perfecto y amo al Señor, pero mi relación con Él muchas veces ha menguado hasta hacerse tibia, solamente puedo agradecerle por no desampararme ni dejarme solo jamás.
Odio tener que admitirlo, ¡pero el pastor que me dijo que me iba a hacer débil estaba en lo correcto! Después de todos mis esfuerzos de convertirme en un santo, al final encontré que mi propia justicia (la justicia religiosa del esfuerzo propio y trabajo) era tan solo "trapo de inmundicia" (Isaías 64:6). He aprendido que soy como cualquier otro – mi justicia no me ha ganado ningún favor adicional con Dios que los demás. Soy nada sin Él y es solamente Su gracia la que me sostiene.
Porque: TODA CARNE ES COMO HIERBA, Y TODA LA GLORIA DEL HOMBRE COMO FLOR DE LA HIERBA. LA HIERBA SE SECA, Y LA FLOR SE CAE; (1 Pedro 1:24) Como está escrito: NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; (Romanos 3:10) por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, (Romanos 3:23) Ahora, me desenvuelvo como un pastor anciano enseñando a los más jóvenes a hacerse cargo de mi ministerio. Puedo ver por sus actitudes que todos se sienten invencibles. Mi mensaje para ellos es "¡Hagan todo lo que puedan por el Reino de Dios!!! Utilicen cada don, herramienta y talento que tienen para levantar sus ministerios… PERO RECUERDEN: MIENTRAS USTEDES CONSTRUYEN EL EXTERIOR – DIOS ESTARÁ QUEBRANTÁNDOLES POR DENTRO." La mayoría de ellos piensan que simplemente me estoy poniendo viejo y perdiendo mi dinamismo. Puedo verlo en sus ojos cuando comienzo a advertirles acerca de ellos mismos… "Caray, ahí viene otra vez con esa vieja historia acerca de humillarme a mí mismo y la gracia de Dios." Simplemente me río conmigo mismo porque sé lo que les espera… todos somos iguales.
Dios ha bendecido mi vida y mi ministerio… no tengo nada de qué quejarme… pero si pudiera volver atrás unos 30 años con mi experiencia actual, cambiaría mi actitud hacia la vida diaria. Descansaría más en la fe de que Dios tiene un plan predeterminado; trataría de impresionarle menos con mis obras religiosas y disfrutar la vida en Cristo un poco más; pasaría más tiempo con mi esposa y mis hijos; hablaría menos palabras y escucharía con mayor detenimiento y, finalmente, estaría satisfecho con menos porque más (de cualquier cosa) complica la vida.
El Apóstol Pablo fue conocido durante un tiempo como el fariseo Saulo. Era educado, tutelado por eruditos destacados, y celoso de cumplir la ley de Moisés. En su ambición religiosa, no vio desenvolverse el plan de Dios delante de sus ojos y persiguió la iglesia, ¡pensando que le estaba haciendo un favor a Dios! Cuando Jesús se le apareció en una luz deslumbrante, se dio cuenta que toda su justicia era nada – estaba comenzando en cero – a los pies de Jesús… ¡AHORA podía comenzar su verdadero servicio para Dios! La historia de Pablo me fascina porque fortalece mi fe el hecho de que Dios está a cargo de nuestras vidas y me da esperanza que Él puede enderezar nuestros caminos torcidos.
Un amigo me escribió estas palabras recientemente: "David, toma tiempo para oler las rosas." He estado pensando mucho acerca de eso. Hay un verso que memoricé hace mucho tiempo que tiene un impacto cada vez mayor sobre mí con cada Año que pasa:
Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. (Hebreos 4:9-11).
Cuando descanso en la gracia de Dios… no tengo que luchar para agradarle, viene del corazón. Note que el verso dice "procuremos, pues, entrar en aquel reposo…" quiere decir que descansar no significa echarnos hacia atrás y hacer nada, la palabra "procurar" significa que se nos requiere algo, mientras permitimos que Dios obre a través nuestro.
Esa conversación tuvo lugar hace más de treinta años; tenía tan sólo veintisiete años. Hoy me doy cuenta que debí mostrarle a ese pastor anciano, que tenía una iglesia de sobre 2,000 miembros, un poco más de respeto – aun cuando yo sabía que había caído de ser un mayordomo fiel de su llamado. La verdad es que me sentí más justo que él. Estaba ayunando dos veces a la semana, levantándome temprano a orar, leyendo mi Biblia y estudiando cada día… creía que era más santo que él, me sentía superior porque no había cometido la misma falta que él; en mis propios ojos estaba más cerca de Dios y era un mejor hombre que él. ¡Qué arrogancia! ¡Qué orgullo!
A lo largo de los años, mi ministerio ha pasado por muchas batallas que han sacado lo tanto lo mejor como lo peor en mí, he sufrido divisiones de iglesias, falsas acusaciones e incontables situaciones que me han probado que estoy en pie solamente por la gracia de Dios. En lo que se refiere a la tentación moral, no puedo jactarme en el hecho de que he sido fiel a mi esposa, solo puedo decir que he sido protegido milagrosamente de la tentación. Por supuesto, amo, honro y aprecio a mi esposa y mis hijos más que a ninguna otra cosa en este mundo, pero lo cierto es que Dios me ha protegido por Sus propias razones, tanto la victoria como la gloria Le pertenecen a Él.
Pedro pensó una vez que estaba libre de fallar y hasta se ubicó a sí mismo sobre el resto de los apóstoles, como leemos en los versos siguientes:
Entonces Jesús les dijo: Esta noche todos vosotros os apartaréis por causa de mí, pues escrito está: "HERIRE AL PASTOR, Y LAS OVEJAS DEL REBAÑO SE DISPERSARAN." Pero después de que yo haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Entonces Pedro, respondiendo, le dijo: Aunque todos se aparten por causa de ti, yo nunca me apartaré. (Mateo 26:31-33 LBLA).
Jesús estaba comiendo con sus doce discípulos. Él dijo "Todos ustedes se apartarán…" -- sin embargo, Pedro dijo con osadía: "Aunque todos (ellos) se aparten… yo nunca me apartaré." Aparentemente, Pedro había permitido que su sentido personal de entrega y justicia se le fuera a la cabeza. Se sentía invencible, inconquistable e inconmovible. Esa misma noche descubrió lo contrario.
He pensado frecuentemente: "Amo a Dios demasiado como para fallarle… quizá otros se han rendido al descarriamiento, pero yo nunca lo haré" – pero entonces, por la gracia de Dios, alguna adversidad cruzó mi camino que reveló mis limitaciones. He descubierto que aunque he estado casado por muchos años, no soy un esposo perfecto; tengo tres magníficos vástagos, pero no he sido el padre perfecto y amo al Señor, pero mi relación con Él muchas veces ha menguado hasta hacerse tibia, solamente puedo agradecerle por no desampararme ni dejarme solo jamás.
Odio tener que admitirlo, ¡pero el pastor que me dijo que me iba a hacer débil estaba en lo correcto! Después de todos mis esfuerzos de convertirme en un santo, al final encontré que mi propia justicia (la justicia religiosa del esfuerzo propio y trabajo) era tan solo "trapo de inmundicia" (Isaías 64:6). He aprendido que soy como cualquier otro – mi justicia no me ha ganado ningún favor adicional con Dios que los demás. Soy nada sin Él y es solamente Su gracia la que me sostiene.
Porque: TODA CARNE ES COMO HIERBA, Y TODA LA GLORIA DEL HOMBRE COMO FLOR DE LA HIERBA. LA HIERBA SE SECA, Y LA FLOR SE CAE; (1 Pedro 1:24) Como está escrito: NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; (Romanos 3:10) por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, (Romanos 3:23) Ahora, me desenvuelvo como un pastor anciano enseñando a los más jóvenes a hacerse cargo de mi ministerio. Puedo ver por sus actitudes que todos se sienten invencibles. Mi mensaje para ellos es "¡Hagan todo lo que puedan por el Reino de Dios!!! Utilicen cada don, herramienta y talento que tienen para levantar sus ministerios… PERO RECUERDEN: MIENTRAS USTEDES CONSTRUYEN EL EXTERIOR – DIOS ESTARÁ QUEBRANTÁNDOLES POR DENTRO." La mayoría de ellos piensan que simplemente me estoy poniendo viejo y perdiendo mi dinamismo. Puedo verlo en sus ojos cuando comienzo a advertirles acerca de ellos mismos… "Caray, ahí viene otra vez con esa vieja historia acerca de humillarme a mí mismo y la gracia de Dios." Simplemente me río conmigo mismo porque sé lo que les espera… todos somos iguales.
Dios ha bendecido mi vida y mi ministerio… no tengo nada de qué quejarme… pero si pudiera volver atrás unos 30 años con mi experiencia actual, cambiaría mi actitud hacia la vida diaria. Descansaría más en la fe de que Dios tiene un plan predeterminado; trataría de impresionarle menos con mis obras religiosas y disfrutar la vida en Cristo un poco más; pasaría más tiempo con mi esposa y mis hijos; hablaría menos palabras y escucharía con mayor detenimiento y, finalmente, estaría satisfecho con menos porque más (de cualquier cosa) complica la vida.
El Apóstol Pablo fue conocido durante un tiempo como el fariseo Saulo. Era educado, tutelado por eruditos destacados, y celoso de cumplir la ley de Moisés. En su ambición religiosa, no vio desenvolverse el plan de Dios delante de sus ojos y persiguió la iglesia, ¡pensando que le estaba haciendo un favor a Dios! Cuando Jesús se le apareció en una luz deslumbrante, se dio cuenta que toda su justicia era nada – estaba comenzando en cero – a los pies de Jesús… ¡AHORA podía comenzar su verdadero servicio para Dios! La historia de Pablo me fascina porque fortalece mi fe el hecho de que Dios está a cargo de nuestras vidas y me da esperanza que Él puede enderezar nuestros caminos torcidos.
Un amigo me escribió estas palabras recientemente: "David, toma tiempo para oler las rosas." He estado pensando mucho acerca de eso. Hay un verso que memoricé hace mucho tiempo que tiene un impacto cada vez mayor sobre mí con cada Año que pasa:
Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. (Hebreos 4:9-11).
Cuando descanso en la gracia de Dios… no tengo que luchar para agradarle, viene del corazón. Note que el verso dice "procuremos, pues, entrar en aquel reposo…" quiere decir que descansar no significa echarnos hacia atrás y hacer nada, la palabra "procurar" significa que se nos requiere algo, mientras permitimos que Dios obre a través nuestro.
